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sábado, 17 de marzo de 2012

¡Maldito mosquito!


    ¡TÚ, TÚ, TÚ! ¿Piensas que hay ocasiones en las que los mosquitos se pasan contigo?
     Pues si es así, mejor que se lo pregunten a Adam Spencer, un joven de 23 años que sufrió una gran infección provocada por la picadura de un mosquito mientras pasaba unas relajadas vacaciones con su novia por Latinoamérica.
     Este simpático mosquito le transmitió un parásito llamado “parásito de la Leishmania”, que como un buen amigo que es, se alimenta de las células inmunes.
     Tras la picadura, el joven apenas le prestó atención, pero a los dos meses de la picadura, la herida de su rostro estaba llena de pus y comenzaba a abrirse por lo que a su regreso a los EEUU los médicos le advirtieron de la gravedad de esta picadura, ya que el parásito no pasaba hambre, y se estaba alimentando de la carne de su cara, ocasionándole un terrible dolor y serios daños.
 
     Para intentar encontrar alguna solución, Adam probó con varios tratamientos con antibióticos, pomadas e inyecciones, pero que finalmente no sirvieron de nada.

     …Y la herida no paraba de crecer y crecer, cada día estaba más hinchada y abierta y la infección empezó a afectarle a las vías respiratorias, la lengua y la boca.
     Después de pasar mucho miedo por lo que pudiera ocurrirle, un tratamiento más especifico hizo que el parásito desapareciera de su organismo, dejándole una “preciosa” cicatriz en el rostro.